
Un elemento consagrado por el tiempo en muchas culturas de todo el mundo, extendido por el espacio y por el tiempo, es la tradición del chamanismo. Se cree que el chamán o la chamán se comunican directamente con el mundo de los espíritus, muchas veces en un estado de trance o de éxtasis. El chamanismo suele ocuparse de la curación y de la adivinación, ademas de otras cuestiones que atañen a toda la comunidad, como la lluvia para los cultivos. Son fundamentales los sonidos: de las propias vocalizaciones del chamón, de las voces de los participantes y de los espectadores, de los tambores y otros instrumentos. Suelen adoptar la forma de cánticos respectivos.
Por lo tanto, el sanador chamánico es un vínculo entre el pueblo y el mundo de los espíritus. A lo largo del tiempo, estos individuos han sido elevados al grado de sacerdotes, para los cuales los momentos de crisis y las pruebas del valor son ritos iniciáticos para acceder al privilegio de los poderes curativos místicos. Cuando el canto surgue del corazón, el sanador y el pueblo forman parte de un solo cuerpo espiritual. La emisión espontánea del cántico sagrado otorga al sanador y a la comunidad un poder que se refuerza con cada repetición subsiguiente. A partir de los recuerdos de las pruebas y de los momentos de angustia, el sanador puede "dar la vida cantando" a otros que se ven amenazados por la emfermedad y por la muerte. Estos cánticos y canciones son casi unos seres vivos, unos "compañeros de soledad", entonados por el aliento de unos hombres y unas mujeres para los cuales el habla ya no es suficiente. Cierto sanador explicaba lo siguiente: "No puedo decirle cuántas canciones tengo... existen tantas ocaciones de alegría y de tristeza en las que surge el deseo de cantar... todo mi ser es canción."
En lo más profundo de la mente del sanador chamánico está la purta o el pasillo que conduce al mundo de los espíritus. Es por esa puerta ( cerrada casi siempre para el no iniciado) por donde puede acceder el cantante a los misterios de la canción y de la curación. Las canciones de la curación nacen en la quietud y en el silencio, mientras el hacedor de canciones medita sobre "las cosas hermosas" que lo rodean, como el bosque o la montaña. Las melodías, los ritmos y la letra
surgen como las burbujas que salen de las profundidades marinas, buscando el aire para dar rienda suelta a su poder. No es fácil acceder a estas canciones de los reinos del inconsciente; el sanador debe alcanzar las alturas y las profundidades desconocidas de la alegría, el dolor, la soledad y el miedo. Es una aventura heroica, pero se dice que "el sueño sólo viene al que es humilde, y dentro del sueño siempre hay una canción".
Por lo tanto, el sanador chamánico es un vínculo entre el pueblo y el mundo de los espíritus. A lo largo del tiempo, estos individuos han sido elevados al grado de sacerdotes, para los cuales los momentos de crisis y las pruebas del valor son ritos iniciáticos para acceder al privilegio de los poderes curativos místicos. Cuando el canto surgue del corazón, el sanador y el pueblo forman parte de un solo cuerpo espiritual. La emisión espontánea del cántico sagrado otorga al sanador y a la comunidad un poder que se refuerza con cada repetición subsiguiente. A partir de los recuerdos de las pruebas y de los momentos de angustia, el sanador puede "dar la vida cantando" a otros que se ven amenazados por la emfermedad y por la muerte. Estos cánticos y canciones son casi unos seres vivos, unos "compañeros de soledad", entonados por el aliento de unos hombres y unas mujeres para los cuales el habla ya no es suficiente. Cierto sanador explicaba lo siguiente: "No puedo decirle cuántas canciones tengo... existen tantas ocaciones de alegría y de tristeza en las que surge el deseo de cantar... todo mi ser es canción."
En lo más profundo de la mente del sanador chamánico está la purta o el pasillo que conduce al mundo de los espíritus. Es por esa puerta ( cerrada casi siempre para el no iniciado) por donde puede acceder el cantante a los misterios de la canción y de la curación. Las canciones de la curación nacen en la quietud y en el silencio, mientras el hacedor de canciones medita sobre "las cosas hermosas" que lo rodean, como el bosque o la montaña. Las melodías, los ritmos y la letra
surgen como las burbujas que salen de las profundidades marinas, buscando el aire para dar rienda suelta a su poder. No es fácil acceder a estas canciones de los reinos del inconsciente; el sanador debe alcanzar las alturas y las profundidades desconocidas de la alegría, el dolor, la soledad y el miedo. Es una aventura heroica, pero se dice que "el sueño sólo viene al que es humilde, y dentro del sueño siempre hay una canción".
Texto extraido del libro la Terapia del Sonido.
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