La muerte es de la vida como el nacer. La muerte es una realidad que nos habla crudamente de nuestra caducidad y nuestra impotencia. No es tarea fácil para el hombre valorar adecuadamente la realidad de la muerte; sin embargo, contar con la muerte es darle peso y estructura a la vida.
La mejor preparación para llegar a sentirnos bien ante la muerte es entrenándonos en vivir esta vida en plenitud.
Vivimos en plenitud cuando cultivamos a la vez armoniosamente todas la dimensiones de nuestro ser como personas, cuidamos nuestro cuerpo, lo tratamos bien, lo respetamos, le damos satisfacciones... somos cuerpo. No podemos sin embargo, apegarnos tanto a él hasta el punto de descuidar lo perdurable: nuestro desarrollo como personas (en lo afectivo, intelectual, espiritual, etc. etc.). Es extraordinariamente importante lo que hacemos y cultivamos en esta vida porque estamos preparando el futuro. Al morir no nos llevamos más de lo que hemos hecho.
Como complemento a nuestro estilo de vida y a nuestras actitudes frente a ella, podemos además entrenarnos mentalmente para desencibilizarnos y acostumbrarnos a sentir la muerte con naturalidad.
Si hechamos una mirada hacia atrás recordaremos momentos en que llegamos a tomar decisiones importantes en nuestra vida y que nos afectaron mucho o afectaron a otras personas...¿Actuaríamos ahora de otra manera?
Continuamente morimos y vivimos nuevamente. Este es el proceso de toda vida.
Nuestro ejercicio mental sano, nuestra evolución y desarrollo permanentes, exigen que este morir cada momento sea para el egoísmo, la desdicha; y este renacer de cada instante lo sea para el amor, la felicidad, la vida plena.
Entre los muchos pensadores cristianos que abordan esta realidad se encuentra San Pablo que desborda entusiasmo contagioso cada vez que toca el tema de la mueste, más bien la espera con gozo. Si él esta conmigo. ¿a quien he de temer? para san pablo la muerte no es más que la culminación de la vida. Para él la vida triunfa siempre sobre la muerte. Muerte ¿donde esta tu victoria?

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