
En este trabajo se quiere resaltar que en la vida cotidiana, en la práctica escolar y en ciertas situaciones terapéuticas se encuentra una relación específica entre la música y el lenguaje, o más específicamente entre la realización de actividades musicales y el desarrollo linguístico de los individuos. Lo anterior se debe no sólo a que los elementos de la música (sonido, ritmo, armonía) producen ciertas reacciones en ellos, sino también a que la música es traducible a una acción, posee al igual que la palabra el poder de suscitar en los demás una actividad. Brenner (1968) sostiene que la música mueve a la acción, incita a una conducta, estimula una actividad. Por otra parte, la música también supone la simbolización de elementos no tangibles como son el sonido y el tiempo, lo cual enriquece la capacidad de representación del individuo. Con base a la activación y simbolización que produce la música es que los educadores, entre otros profesionistas, la han empleado para que los individuos puedan superar algunas de sus deficiencias, o mejorar sus potencialidades.
En este sentido el propósito de este trabajo es presentar algunas evidencias de la forma en la cual el recrearse en la música, realizar actividades musicales y/o aprender el lenguaje musical repercute positivamente en el desarrollo linguístico de los niños desde edades tempranas hasta la edad escolar.
Desde hace ya algunas décadas se ha enfatizado la importancia de la estimulación durante los primeros meses de vida para su óptimo desarrollo integral y se ha puesto especial en el estímulo musical. Uno de los argumentos para introducir la música desde edades tempranas, o en caso de perturbaciones en el desarrollo del individuo, en particular del linguístico, es que el ser humano es apto musicalmente, es decir que es capaz de reaccionar en cualquiera de las áreas física, afectiva, cognitiva y social a través de la música, ya sea que responda pasiva o activamente al estímulo al estímulo musical. (Brenner, 1968).
En particular puede decirse que el lenguaje del niño depende en grao sumo de la estimulación que tienda a despertarle la curiosidad por ese mundo de los sonidos por él aún inexplorados. En ese mundo se encuentran el lenguajes vocal humano y la música, que también es un lenguaje producto del hombre. El niño comienza a reaccionar, imitar y reproducir aquellos elementos que le son presentados y que a la vez le interesan y con ellos conforma su repertorio vocal y no-vocal, de ahí la enormne importancia de la utilización del estímulo adecuado en la adquisición del lenguaje.
Al respecto willems (1962) señala que el niño pequeño de cuatro meses en adelante se interesa en las voces debido a la altura y el ritmo del sonido de las palabras, pues está todavía lejos de captar el significado de las mismas. De acuerdo a sus observaciones señala que muchos niños que todavía no saben hablar recurren a inflexiones melódicas del lenguaje para completar sus vocablos imperfectos; incluso afirma que hay niños que alrededor del año y medio pueden cantar canciones antes de hablar. Lo anterior se debe a que ¨el canto, como expresión del dinamismo sonoro libre y como reflejo de elementos afectivos, es accesible para el niño antes que la palabra. La memoria rítmica ( de naturaleza motora) y la memoria del sonido ( de naturaleza sensorial y afectiva) preceden normalmente a la memoria semántica de las palabras¨ (willems, 1962; p-26-27)
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